EL SENTIDO DE LA NAVIDAD

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Autor: Pbro. Guillermo Aragón

Estamos acercándonos a la Navidad. Faltan pocos días. Por todos lados se nos recuerda que ya estamos llegando a esta fecha. La Navidad se celebra el 25 de diciembre, pero más que una fecha es un acontecimiento. La mejor síntesis de lo que se celebra en Navidad lo da san Juan al inicio de su evangelio: El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Dios toma una carne como la nuestra y viene a vivir entre nosotros los hombres. Con la Navidad los cristianos celebramos que Dios no es un ser lejano, sino que ha venido a buscarnos, ha venido a habitar la tierra en la que nosotros vivimos. Jesucristo es verdaderamente el Dios-con-nosotros, el Dios que está junto a nosotros, el Dios que es uno de nosotros.

Jesucristo es Dios que ha tomado nuestra naturaleza humana, y por eso es un Dios que comprende: Jesucristo ha padecido frío, ha sufrido hambre y sed, ha experimentado el dolor, no solo físico, sino también el dolor espiritual de verse abandonado por sus más íntimos, los apóstoles, en el momento de su crucifixión. Jesucristo vino al mundo como vienen todos los hombres: ha nacido de una mujer, la Virgen María.

De tal forma que, si tuviéramos que usar pocas palabras para expresar qué es la Navidad, podríamos decir que la Navidad es la celebración del Dios-con-nosotros. La Navidad conlleva darnos cuenta también del gran don que supone la Encarnación del Hijo de Dios: Jesucristo es el gran regalo de Dios para la humanidad. Santo Tomás de Aquino decía que la humanidad de Cristo es nuestra felicidad. Y Benedicto XVI en una ocasión enseñaba: Dios, en aquella noche santa, haciéndose carne, quiso hacerse don para los hombres, se dio a sí mismo por nosotros; Dios hizo de su Hijo único un don para nosotros, asumió nuestra humanidad para donarnos su divinidad. Este es el gran don.

Este es en el fondo el motivo por el que nos damos regalos en la Navidad. Es un modo de recordar el gran regalo que nos ha dado Dios con la Encarnación de su Hijo. Por tanto, los regalos son algo bueno, pero haríamos bien en recordar por qué nos hacemos regalos, que son solamente un símbolo, porque cuando damos regalos, nosotros solamente damos algo externo a nosotros, pero Dios no nos ha dado algo a los hombres, se nos ha dado Él mismo. Vuelvo a otras palabras de Benedicto XVI: También en nuestro donar no es importante que un regalo sea más o menos costoso; quien no logra donar un poco de sí mismo, dona siempre demasiado poco. Es más, a veces se busca precisamente sustituir el corazón y el compromiso de donación de sí mismo con el dinero, con cosas materiales. El misterio de la Encarnación indica que Dios no ha hecho así: no ha donado algo, sino que se ha donado a sí mismo en su Hijo unigénito. Encontramos aquí el modelo de nuestro donar, para que nuestras relaciones, especialmente aquellas más importantes, estén guiadas por la gratuidad del amor.

Ojalá tengamos presente en esta Navidad este sentido más profundo de lo que celebramos. Precisamente porque se trata de una celebración nos damos regalos, pasamos tiempo con nuestros seres queridos, tenemos una cena o un almuerzo especial, nos felicitamos… cosas todas ellas muy buenas, muy humanas y, por tanto, gratas a Dios. Pero no nos quedemos solamente en estos gestos, vayamos a lo más importante, vayamos al fundamento, que es recordar que en Navidad celebramos el Nacimiento de Jesucristo, el Dios-con-nosotros.

Fundación ICEF GuatemalaComentario